Hoy al verla, sus deseos no fueron sexuales, aún así la llamó como de costumbre y pidió unos tragos para los dos. Ella se acercó suavemente , reposó su hermoso cuerpo en la silla de la barra, lanzó una sonrisa y le miró a los ojos; él aceptó la mirada y se la sostuvo. Luego decidió cogerle de las manos y aunque ella sabía de antemano que su relación era netamente comercial, siguió el juego, puesto que al fin y al cabo estaba subordinada a los intereses de él y por ello debía siempre seguir sus caprichos, no obstante se veía en ella cierta timidez juvenil, parecía que lo disfrutaba y no lo tomaba como un juego.
Súbitamente en su cabeza un recuerdo se revivió, este la lanzó fuerte a la realidad y el brillo que sus ojos estaba comenzando a reflejar, se apagó inmediatamente. Que no es tristeza, sino desilusión, lo que su desprotegido cuerpo reflejaba. Sin embargo la misma sonrisa permanecía en ella, se notaba el profesionalismo al ocultar sentimientos, digno de una mujer que ha sufrido mucho.
Su sangre todavía no tenía suficiente alcohol para deprimir su sistema nervioso, es decir su acción para algunos extraña era de un hombre consciente; de uno que simplemente dejó a un lado su papel en esta escena, tan común en bares y burdeles. Puesto que en esta ocasión, no quiso tomar el cuerpo de ella, el cuerpo que era servido en bandeja de plata, por las manos de un mayordomo, llamado necesidad.
- Catalina, vos siempre has sido mi compañía. Alguna vez te has preguntado por qué siempre de todas la mujeres que hay en este bar,te prefiero a vos.
- Debe ser porque soy la más joven. - En su respuesta había cierto entusiasmo, nadie le había dicho eso antes, sin embargo, quería con su comentario desinflar cualquier falsa ilusión-.
- Inicialmente si fue así, no te lo niego. Pero más tarde encontré en vos algo distinto que incluso mi esposa no me lograba expresar. Eso era comprensión.
- Le llamas comprensión al sexo.
- Si fuese solo sexo, no regresaría. La vida me ha enseñado que el sexo no te llena. Por más que lo intentes siempre terminarás sintiéndote falto de algo.
- Entonces que he hecho para que te sientas comprendido, por qué en realidad, nunca fue mí intención.
- Siempre que llego a este bar, me recibís con una sonrisa y me abrazás. Sabés que estoy agotado, que me siento estresado y que no quiero escuchar problemas. Creo que eso es lo que te hace diferente a mi mujer.
- Eso es lo que se supone que debo de hacer, así soy con todos mis clientes, que te hace suponer que con vos soy distinta.
- Recuerdas esa vez que estabas con uno de los desgraciados que frecuentan este bar y que cuando me viste, lo dejaste a un lado, solo para atenderme.
- Sonrió- ¿ Y por eso piensas que eres diferente ?- Ella sabía que con lo que iba decir, esa remota posibilidad de estar juntos, se volvería inexistente - Carlos creo que confundís las cosas, yo no soy especial contigo, solo que eres uno de mis clientes y por eso te doy mas atención. La verdad no entiendo porque pensás que te comprendo. Ese mi trabajo, acariciarlos, abrazarlos, hacerlos sentir importantes, mamársela, dejarme penetrar, fingir orgasmos. Eso es todo.
Carlos sabía que la mayoría de lo que le decía era mentira. Por ello guardó un momento sus palabras y finalmente pensó en que decir para que no se notase su incredulidad. - No me esperaba eso, bueno, lo de mamársela, pensé que eso ya no lo hacías.- Y se rió-
- Que esperabas. Necesito dinero y eso me da una ganancia adicional.
Entre el melancólico tango y el humo del cigarro, los dos siguieron la conversación. Carlos se le ocurrió bailar con ella. Ella acepto sin contener la burla. Se divertía y lo demostraba en la forma como lo miraba. Estaba feliz, aunque toda su conciencia quisiera negárselo. Él sacaba sus mejores pasos, los más pulcros y finos que pudieran impresionarla. La trataba como una dama. Trato al que no estaba acostumbrada, la puta despreciada. La desvalorada, pero con el corazón más noble que cualquier señorita de alto glamour. Y es que ella no escogió su profesión, ella nunca dijo a su madre " cuando sea grande quiero ser prostituta", si es que su madre la escuchaba.
Cuando la pieza musical llego a termino, miró su reloj. Se le iba ha hacer tarde para llegar a su casa. Le pagó la velada. Ella lo acepto, puesto que en realidad si necesitaba el dinero, no obstante sentía que la beneficiada era ella y no su cliente. A veces su alma se reconfortaba cuando pensaba que no todos la querían por su cuerpo, que había algo más en ella, no un vacío donde los hombres introducían sus penes, buscando de algún modo sentirse llenos. Lo acompañó hasta la puerta, le entrego su abrigo y se despidió con un beso en la mejilla; se quedo un momento embelesada mirando como se alejaba en el auto. Solo cuando sintió que su mano estaba rodeada de otra áspera y caliente, entendió que debía seguir trabajando. Dirigió su mirada hacia el nuevo cliente, cuando este ya le había analizado con sus ojos lascivos toda su anatomía, había imaginado sus movimientos en la cama y su precio.
- ¿Cuanto cobras ?- le susurro al oído con intención de seducirla.
- Depende de lo que quieras de mí
- Te quiero toda.
Los dos se fueron a buscar el cuarto. Todos los cuartos estaban ocupados. Uno que se queda vacío y uno que se llena. "Que putería esta situación" piensa para sus adentros. El cliente ansioso le besa en el cuello y la apura agarrando todo lo que pueda agarrar. Ella lo calma con un " calmaito mi amor, vea que por allá ya desocuparon uno". Cuando cierran la puerta él se abalanza a su integridad y la desnuda de un tajo. Mientras él jadea, gime, suda, enloquece salvajemente, ella solo piensa en Carlos, desea que Carlos sea quien la desnude todos los días, quien comparta su piel, que la voz de Carlos solo se escuche en sus oidos y que con Carlos sea algo más que sexo, en otras palabras que sea verdad lo que él le dijo hace algunos instantes.
- Otra vez te quedaste en la calle bebiendo y con vagabundas.
Carlos quedo sorprendido, aunque no quedaba duda que mas que una inferencia sacada de pruebas fidedignas, era una idea creada por la imaginación, le fue inevitable no asustarse ante un comentario tan acertado.
- Uno ya no puede quedarse a tomarse unas cervezas con los amigos, esto es el colmo Claudia.
- Y es que los amigos te dejan pintalabios en el cuello de la camisa.
- ¿Cual pintalabios?
- Hágase el pendejo.
Comiendo en la mesa, donde su esposa mantenía un silencio marmóreo, carlos reflexionaba en torno a la relación con su esposa.¿Cuando fue el momento que se derrumbó? si en el principio todo era felicidad. ¿ En qué momento comenzó a frecuentar los burdeles, si en su mente jamás rondo esa idea, incluso cuando peleaba con claudia, en sus días de novios? . La amaba, independiente de lo que le haya dicho a Carolina, sabía que amaba a su mujer. Era un amor inexplicable. Quizás solo se sentía en deuda o tenía miedo a perder la seguridad de la compañía. Entonces, de ser así no era amor lo que sentía por Claudia.
-Claudia, intentemos arreglar esto.

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