miércoles, 14 de septiembre de 2011

Alli en el agua

En realidad  parecía no existir el dolor; porque la soledad en mi no se oculta, pero el sentimiento de no significar para nadie nada me ahogaba en mi sangre, me decía que todo estaba fallando y que poco hacia para cambiarlo.Solo la amargura de mi espíritu reconfortaba el ser un fantasma; un ser al que nadie miraba con los ojos del amor, aquel que con  su presencia traía  su lúgubre pestilencia.El odiado sin causar daño, el humillado sin ser soberbio...

Estas fueron las palabras que salieron de su boca pálida y resquebrajada por el frio, aunque parecía estar bien abrigado con sus ropas blancas y en el  lugar no hacia una temperatura baja, su trémulo cuerpo sufría incomesurablemente, tanto como para pedirme tímidamente un abrazo; yo sin darme cuenta me acerque a el y su torso de niño de cinco años dejo de temblar;en un movimiento brusco, corrio fugaz por entre los arboles del bosque;con inconclusas las razones, del porque de aquel extraño comportamiento, lo seguí, con el deseo de descubrir si realmente sus congojadas palabras tenían en el fondo algo de esa realidad, la que buscamos para creer ciegamente, en lo que tenemos ciertos pensamientos escépticos.

Sin duda era un lugar hermoso el que divisaban mis ojos, un paraíso de colores que jugaban armoniosos entre los arboles y el suelo.Ya cerca de aquel maravilloso lugar, se incorporaron a mi, varias ideas de donde se ocultaba el niño y si quizás estaba tratando de jugar, me acercaba cauteloso, con la sonrisa de confianza que le da un padre a un hijo, seguí lo que parecían unas huellas; pero estas huellas no eran frescas, aparentaban unos días, mire hacia el fondo del arroyo...no puedo impedir las lagrimas cuando escribo esto, el niño estaba ahí ;  con su rostro pálido  e imperturbable, con su mirada fija en mi, con sus cabellos moviendose al son de las aguas...

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