Ya hace cuantos años había muerto su esposa, - ¡en el
destino no puede existir la lógica! - pensó y
como pétalos de cristal las lagrimas iluminaron sus ojos, antes bien
no desbordo en llanto en razón de que el niño aun seguía mirándolo.
No entendía como una mujer pulcra, buena en el cuidado del
pequeño, cariñosa cuando él mas lo necesitaba, que lo miraba
con tanta ternura, en otras palabras: ¡ella su mayor motivo de vida!,
pudiera abandonar este mundo de una forma inmensamente fugaz además de
violenta; en un accidente automovilístico. Y sin embargo ya no
esta ahí, no esta ahí para refutar contra aquella idea
que nacía mientras veía como jugaba, como se llenaban de
brillo sus ojos cuando por su cabeza pasaba la mano de su padre, como se
quedaba quieto mientras el decidía si lo dejaba abandonado en esta
montaña.
El hombre erguido con semblante decidido,
dejo atrás la perplejidad de la criatura, abandono
la confusión pueril, inicio la desolación de una alma
inocente.- ¡papi! ¿Para donde vas?-. Era racional que hiciera esa pregunta
aun así no la tenia en cuenta - ¿Quieres tomar algo hijo?-
hemmm shii una cremita de mango-.El no lo quiso mirar a la cara, es
decir no tenia la valentía para darle una sonrisa reconfortante al
niño y tranquilizar su miedo. A cada paso el sonido del chasquear de las
piedras con la desgastada goma de los roídos y deslucidos zapatos,
venia acompañado de un remordimiento ; (quizás muera de hambre ahí)
no, seguramente otras personas lo encontraran, ( es tu hijo, sangre de tu sangre,
como abandonarlo simplemente porque no tienes trabajo) es lo mejor para los
dos, si lo dejo ahí la policía lo recogerá y ya
cuando eso pase estaré de viaje, ( es acaso eso lo que hubiere
querido su madre, ¡ vuelve por el ahora mismo ! ) esta reflexión lo
hizo parar vertiginosamente, parecía que ella lo estuviera regañando,
intentando decir lo que el debía de hacer, no obstante la
tarde caía, había estado desde las tres pensando
que debía de hacer, era mucho tiempo para tomar
una decisión en un hombre practico como el, siguió caminando con la
cabeza en blanco, deseando imaginar lo mejor, cuando finalmente llego al anden
de la calle, vio un minúsculo objeto en el suelo...
El niño jamás desvió la mirada de su padre, el
se decía a si mismo, con una extraña madurez precoz, que debía cuidar
a su anciano papá, mas aun sabiendo que había estado taciturno en
todo el mes y hasta en el pequeño paseo. Recuerda que después de una
llamada las cosas comenzaron a cambiar, él más
amargado, mantenía mirando los periódicos y bebiendo café,
de hecho antes paseaban con cierta regularidad, le dedicaba más tiempo,
ocasionalmente jugaban y luego se rompió la rutina, excepto hoy que
decidieron dar una caminata con la disculpa de tomar aire.
Una sonrisa de par en par broto sublime, al ver a su padre
acompañado de un delicioso helado de mango, entonces no fue capaz de resistir
las ansias de correr en dirección a el. El hombre vivió una sensación
inexplicable de calidez cuando su hijo, pequeño e inocente avanzaba, con su
carrito de la mano y sus risas libres y poco precavidas, saltando como loco las
pequeñas elevaciones de la montaña, hasta en ocasiones gritando hacia el cielo
anaranjado. Dejo que el movimiento de los pies cesara, decidió ver el panorama
que su hijo trazaba con sus saltos alegres, y cuando finalmente el niño estuvo
suficientemente cerca de el para abrazarlo, lloro como si la vida le hubiera
dado la oportunidad de volver a ver a su esposa después de tantos años, como si
los minutos alejado del pequeño hubiesen sido horas, como si este fuese el
encuentro mas maravilloso experimentado de su existencia, luego recordó el primer contacto visual con su hijo recién
nacido, las suaves texturas que lo adornaban, el diminuto cuerpecillo, tan
frágil y sin embargo tan estructurado; hasta recordó hasta el instante que
declaro la conexión hijo- padre, cuando la manito agarro envolviendo por
completo su dedo índice.

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